Este es uno de esos vídeos que si te los pusieran como ficción dirías que es inverosímil. Y eso demuestra que los límites entre realidad y ficción, y las cualidades que les atribuimos, son convencionales, y la verosimilitud, como ya señaló Cervantes en el XVI, consiste en acomodar la ficción no a la realidad, sino a lo que la mente del espectador espera de ella. Y desde luego, la mente de uno no espera cosas como esta de la realidad. Pero ahí están. Porque la realidad pasa mucho de lo que nosotros esperemos de ella.
Realidad inverosímil por grotesca y esperpéntica (el peinado de la señora, los angelitos y las luces, el momento en que la vecina ve a la otra vestida con las bolsas, "me lo llama sin ser yo nada de eso", "yo no escribí la palabra, sólo la retoqué"...), que mueve a una risa entreverada de espanto. Porque da un poco de miedo, ¿no?
Comentarios
Qué triste.