
Donde pongo la vida pongo el fuego
de mi pasión volcada y sin salida.
Donde tengo el amor, toco la herida.
Donde pongo la fe, me pongo en juego.
Pongo en juego mi vida, y pierdo, y luego
vuelvo a empezar, sin vida, otra partida.
Perdida la de ayer, la de hoy perdida,
no me doy por vencido, y sigo, y juego
lo que me queda: un resto de esperanza.
Al siempre va. Mantengo mi postura.
Si sale nunca, la esperanza es muerte.
Si sale amor, la primavera avanza.
Ángel González.
1922-2008
Murió ayer. Lo que queda: un resto de esperanza y de poesía.
Nos dejan harto consuelo sus poemas, y su memoria.
Porque ya Manrique supo que nada como la poesía para perdurar más allá del frío de la piedra en el recuerdo que arropa.
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