Aún no es ni oficial ni oficiosamente verano, y ya se dice, ya se comenta, ya se padece y hasta sale en el telediario.
Hace calor. Mucho calor. Con sus inconvenientes y con sus ventajas. Para gozarlo, para soportarlo, para sobrellevarlo o para sufrirlo. Sobre todo en el trabajo.
Y aclaro que a mí me gusta el calor, porque me gusta la pereza, me gusta disfrutar la sombra , me gusta nadar y secarme al sol, me gusta dormitar en la toalla, me gusta ir sin medias, me gustan las sandalias, me gustan los atardeceres rojos y los amaneceres malvas, me gustan los helados, me gustan las terracitas, me gustan las noches sin chaqueta, me gusta la cerveza en jarra helada, me gusta tener ganas de quitarme la ropa, y, en general, puedo decir sin temor a equivocarme ni a tener que retractarme, que prefiero como cincuenta millones de veces el calor al frío.
Pero el que quiera quejarse, aquí tiene su sitio para tirar la primera piedra, todas las piedras que quiera o para añorar las ventajas (???) del frío. En todo caso, ánimo, que está claro que ya hemos pasado el 40 de mayo y todo esto es síntoma de que ya no puede faltar mucho para las vacaciones
Comentarios
Es gracioso lo del cuarenta de mayo, por lo del sayo, aquí toca esperar al cuarenta y siete y es mañana.
lo de las vacaciones es otro tema...
Un beso
Besiños