Christina, con Nacho:
Nos contaron, quizás, como fue su primer encuentro, fruto de la "fatalidad"
Nos contaron, quizás, como fue su primer encuentro "íntimo":
Nos contaron, quizás, como fue su primer encuentro, fruto de la "fatalidad"
Nos contaron, quizás, como fue su primer encuentro "íntimo":
Da igual que sea suyo o no: lo que cantan en estas canciones, como todas, somos casi todos en algún momento, vivido, imaginado, recordado o soñado. O casi.
Christina, sola:
Nos habla del deseo, que crece sobre todo si es prohibido, y lo inunda todo, y convierte tres minutos en la eternidad, en la que no importa absolutamente nada, y que pierde y salva a un tiempo y ese es su milagro sacrílego:
Nos habla de lo difíiles (y emocionantes, y obsesionantes) que son los comienzos, cuando todavía no hay nada establecido, cuando todavía sí pero no, y cuando cualquier cosa que pase por allí es motivo de inseguridad y de celos. El abono más efectivo para el amor, o la necesidad, o el engache, o lo que sea.
Nos habla también de los finales: de la recién reestrenada soledad y sus trampas, de la prestidigitación necesaria entre el regreso a la noche, las puñaladas, el recuerdo, el dolor y el olvido. Ya es mañana, qué más da...:
Y nos habla en mi preferida (no sé bien por qué: quizás por ese contraste entre la oscuridad de las estrofas, en las que desgrana sentimientos profundos y quizás "inconfesables" -por lo menos, poco confesados-, con la luminosidad maravillosa del estribillo, donde se entrega a la declaración del sentimiento) del amor. De qué sentimos cuando lo sentimos. Un eclipse.
Idolatrada y denostada a partes iguales, por sus comienzos ochenteros, por su supuesta pose intelectual, por huir de España, por declararse al margen´, por mantenerse siempre distinta, hacer lo que quería y venderse solo a su independencia, yo hace tiempo que aposté por ella y no me equivoqué. Y reconozco que en gran medida ahora la he recuperado, por que su etapa anglófona no me llegaba tanto como esta, en que vuelve en cierto modo a lo sencillo y lo directo. Chapó, Christina. Y que cumplas muchos más.
(Y gracias, claro. Como a todos los que nos hacen sentir. O nos acompañan cuando sentimos)
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