Por hambre vuelve el hombre sobre los laberintos
donde la vida habita siniestramente sola.
Reaparece la fiera, recobra sus instintos,
sus patas erizadas, sus rencores, su cola.
Se ejercita en la bestia, y empuña la cuchara
dispuesto a que ninguno se le acerque a la mesa.
Ayudadme a ser hombre: no me dejéis ser fiera
hambrienta, encarnizada, sitiada eternamente.
Nosotros no podemos ser ellos, los de enfrente,
los que entienden la vida por un botín sangriento.
dispuesto a que ninguno se le acerque a la mesa.
Ayudadme a ser hombre: no me dejéis ser fiera
hambrienta, encarnizada, sitiada eternamente.
Nosotros no podemos ser ellos, los de enfrente,
los que entienden la vida por un botín sangriento.
M.Hernández
Tened presente el hambre.

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