Dice Antonio Gala en La pasión turca:
"Nacemos con el papel de amante o amado repartido, y
ése es el que representaremos durante nuestra vida. (...) Claro que el amado es
un poco amante, y el amante, algo correspondido; pero la actitud previa y
esencial la tiene cada uno señalada. En cada relación amorosa hay, en último
término, un devoto y un Dios, un amo y un esclavo; hay quien rompe a hablar y
hay quien responde. Para opinar, habremos de tener en cuenta lo que sabemos y
lo que intuimos: el primer golpe de vista es importante.
Aunque es difícil que se dé, una pareja formada por dos
amantes es violenta, echa chispas y es improbable que dure mucho tiempo; en
cuanto aparezca un amado, uno de los amantes se irá con él.La vida de una
pareja de amados puede ser larga, en cambio, porque los dos son acomodaticios;
pero será bastante sinsorga y más bien sosa.
[Si se juega a establecer quién es el amante y quién el
amado de las parejas que conocemos, casi] nadie querrá que se le considere
amado. El amante tiene mejor prensa: es el que más sufre, el que más pierde; en
el tapete verde se juega entero contra unos cuantos duros: ganar unos duros a
costa de la vida no es ganar. Es el agente, el provocador, el generoso... ¿Y si
fuese también el exigente, el que, cuando se abre la apuesta, sólo aspira a los
duros que el otro arriesga, y, una vez ganados, quiere más, más y más? ¿Y si,
en un momento dado, el amante tuviese suficiente consigo mismo? El amado es el
pretexto de lamor, su motivo; ya está en marcha el sentimiento, ya él no es
imprescindible; bastan sus huellas. El dolor, el recuerdo, el temblor del
recuerdo; él ya fue usado. El amante no necesita pruebas; le sobra con su amor,
con su propio amor de amante. El amante llega, inviste y reviste al amado con
las prendas que él trae: mantos, bordados, oros, velas, como a un paso de
virgen andaluza. Cuando aquello se acaba, recoge sus riquezas y va en busca de
otra imagen que enjoyar, que dorar, que adorar... El amante se repone a sí
mismo, porque saca la fuerza de sí mismo. El amado, que la recibe del otro, la
pierde si el otro se va, pierde su identidad, se deteriora su fe en el mundo y
en las promesas infinitas. El amado es irremisible, porque es el reflejo de una
luz, porque depende. ¿Quién es, por tanto, el dios y quién el idólatra? ¿Quién
el verdugo y quién la víctima? "
Aunque supongo que esto es muy discutible (sobre todo yo
creo que no es necesario hablar de "verdugos" y "víctimas",
de buenos y malos) creo que no deja de tener cierto punto de razón. Yo puedo
establecer quién es el amante y quién el amado, claramente, en muchas parejas
que conozco. Conocí incluso una pareja de "amados", que duró mucho
pero terminó en cuanto apareció un amante para uno de ellos. En otras parejas
(pocas), no resulta fácil, la verdad...
Dice Gala en otro libro que él suele plantear como juego de
sobremesa esta idea de establecer quién es el amante y quién el amado en
parejas conocidas por la concurrencia, y que ahí se descubre que uno no es el
más adecuado para asignarse el propio papel: él cuenta que se consideraba a sí
mismo un amante clarísimo, casi el prototipo del amante, y sin embargo la mesa
lo estableció unánimemente como amado, para disgusto y hasta cabreo suyo.
Yo misma soy -bueno, me considero, a lo mejor
equivocadamente... que lo digan los que me conocen-, a mi pesar, amada. Aunque
tengo algo de amante, no soy la que rompe a hablar, sino la que responde. Soy consciente de que
espero, de que, como la luna (quítándole lo que de pretencioso pueda tener la
comparación, de verdad) orbito esperando recibir esa luz que no tengo por mí
misma, y que si se apagara, seguría orbitando en la oscuridad a la espera de
que apareciera otro sol. Aunque amo mucho, busco, espero y necesito ser amada. Y si no lo soy, sólo tengo que dejar pasar el tiempo para dejar de amar. Así que sí: soy consciente de que dependo, y soy consciente de los peligros de
esta "situación" (aunque ser consciente no hace que pueda evitarlos).
¿Y tú? ¿Qué actitud básica adoptas en tus relaciones
amorosas? ¿Amante o amado? ¿Podrías reconocer esos papeles en parejas o
personas que conozcas? Seguro que sí. Prueba. Y si quieres, nos lo cuentas.

Comentarios
Por otro lado, en una relación, la posición de amante provoca en el otro una posición de amado. Así que, paradójicamente, una de las maneras de ejercer de amante es posicionarse como amado para hacer del otro un amante; pues el mayor amante es el que ama la posición de amante del otro (provocando tu lectura te convierto en amante; por eso la literatura es una relación tan viva). Resumiendo, no es tan fácil esta dialéctica.
En una relación real, suele haber un toma y daca, y muchas pseudo-posiciones. Así que enlazo una serie de observaciones sobre seres mitológicos:
http://mitologiadeconstruida.blogspot.com.es/search?q=amantes+y+amados
Gracias por la atención, el comentario y el enlace. Un abrazo.