A revoluçao dos cravos

25 de abril sempre.
Fascismo nunca máis.




Al filo de la madrugada del 25 de abril de 1974 una canción fue la señal para la revolución más bonita, sencilla y poética que una pueda soñar. Se levantaba contra Salazar, dictador que había impuesto su régimen en los lejanos años 20 y ya tenía sucesor designado.
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Muchos militares rebeldes, descontentos con él y afines a líderes de izquierda clandestinos, escucharon la noche del 24 la primera señal por la radio, la balada "E depois do adeus" que venía de representar al país en Eurovisión e indicaba que todo estaba preparado. La segunda señal sonaría en la madrugada del 25: era el "Grandola, Vila Morena", canción prohibida por el régimen que aludía a una población del Alentejo especialmente afín al comunismo, y hablaba de fraternidad, y de "un amigo en cada esquina", y señalaría el momento en que militares armados debían ir tomando distintas posiciones clave del país. Armados, preparados para lo que hiciera falta, pero en principio pacíficos. Tanto, que los tanques avanzaron por las calles respetando los semáforos en rojo.
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Aunque hubo momentos tensos con las fuerzas represoras, estas pronto desistieron y algunas incluso se unieron a los sublevados. El pueblo desobedeció la orden de permanecer en casa, y se echó a la calle pacíficamente, con un entusiasmo que pronto se tornó en mezcla festiva con los militares sublevados.

Dicen que de mañana, una mujer cargada de claveles para el aniversario del restaurante en el que trabajaba, que a última hora no abrió precisamente por la revolución, vio como un soldado le pedía un cigarro. "No fumo. Nunca he fumado", dijo, dándole un clavel, que él metió en la boca de su fusil. Dicen que ella entonces le dio otro, y otro compañero le pidió otro, y otro, y la calle se llenó de claveles (la flor de la temporada) que se cogieron también de floristerías: claveles en las armas, en las manos, en los ojales, en el corazón, haciendo del 25 de abril el día de la Revolución de los Claveles, que acabó con el Salazarismo y el colonialismo en Portugal.

Afortunado el pueblo cuya democracia se conquistó con canciones, con flores, con gente en la calle y sin apenas muertos.

País irmao.
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Quien nos diera. 

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