Tengo una edad que no concibo, que no me creo, que me es ajena,
tan grande que no me dará tiempo a agarrarla antes que termine de pasar.
Tengo una edad que parecen dos y todavía no sé bien cómo encajar.
Tengo una edad en que ya hay caminos recorridos,
terminados, desechados, difuminados,
lejanos, borrosos, abandonados.
Pero ningún paso ha sido en vano,
susurra serena mi edad.
Tengo una edad en que estar bien es algo que se consigue fabricando otras cosas.
Así que fabrico cosas siempre, todo el rato,
y aquello de reinventarme me pilla tan ocupada,
que lo dejo para mañana,
prometido, ya verás.
Tengo una edad en que hay dolores con los que es mejor al fin honestamente pactar.
Tengo una edad en que sé estar sola y estar acompañada,
y ninguna de las dos cosas es tan fácil como yo pensaba.
Tengo una edad en que algunas cosas me importan mucho
y muchas cosas ya no me importan nada..
Tengo una edad en la que ya no me exijo tanto,
me perdono a cada rato
son más sinceros los qué más da.
Tengo una edad en la que me felicito por cosas que no cuento a nadie nunca.
Tengo una edad en la que me reconozco por fuera cada vez menos
pero me comprendo por dentro cada vez más
porque ahí, qué curioso, sigo siendo asombrosamente igual.
Tengo una edad en la que cada vez me siento más común en mi sentir
y más rara en mi pensar.
.
Tengo una edad en que muchas cosas no son como yo sabía
y sin embargo hay certezas que no me han fallado jamás.
Tengo una edad en que mío, realmente mío,
no es lo que el tiempo me quita
sino lo que el tiempo me da.
Tengo una edad en que he conseguido cosas que nunca pude soñar.
Tengo una edad en que aquel escepticismo de cuando era joven y sabía tanto,
ha pasado a ignorancia y fe inquebrantable en mi santísima trinidad
a saber:
Belleza, Bien y Verdad.
Tengo una edad en que todo, todo, todo, todo pasa y ha pasado
con una intensa fugacidad,
y eso a veces me quita el aliento
y otras veces me lo da.
Tengo una edad que se escurre por el tiempo que no tengo,
el tiempo que pierdo,
el tiempo que recuento,
el tiempo que imagino,
el tiempo que se va
(el tiempo es un tigre que me devora, pero yo soy el tigre).
Tengo una edad en que recordar se parece cada vez más a soñar.
Tengo una edad en que ni espero ni pido nada
porque he aprendido a escuchar
atentamente a la vida
y a confiar en ella, que es muy sabia, y ella se encargará.
Tengo una edad en que es mío todo lo perdido
y todo lo que aún queda por descubrir, desechar y atrapar,
y que la vida misma me sorprenda
que todavía es capaz.
Tengo una edad de que no pare la música
por fuera o por dentro
que yo quiero bailar.
Tengo una edad en que lo importante sigue siendo
robar rosas en las avenidas de la muerte
jugárselo todo a un ojalá
que hoy es siempre todavía
y siempre lo será.
Siempre
lo será.
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