jueves, 29 de julio de 2010

¿Grandes o felices?

No decía palabras,
acercaba tan sólo un cuerpo interrogante,
porque ignoraba que el deseo es una pregunta
cuya respuesta no existe,
una hoja cuya rama no existe,
un mundo cuyo cielo no existe.

La angustia se abre paso entre los huesos,
remonta por las venas
hasta abrirse en la piel,
surtidores de sueño
hechos carne en interrogación vuelta a las nubes.
Un roce al paso,
una mirada fugaz entre las sombras,
bastan para que el cuerpo se abra en dos,
ávido de recibir en sí mismo
otro cuerpo que sueñe;
mitad y mitad, sueño y sueño, carne y carne,
iguales en figura, iguales en amor, iguales en deseo.

Auque sólo sea una esperanza
porque el deseo es pregunta cuya respuesta nadie sabe.

LUIS CERNUDA 
(de su obra titulada, precisamente, "La realidad y el deseo")

Pedro Guerra: "Deseo"
...Y con las luces del alba
antes que tú te despiertes
se hará ceniza el deseo
me marcharé para siempre
y cuando todo se acabe
y se hagan polvo las alas
no habré sabido por qué
me he vuelto loco por nada...

(...)Yo quiero amor, quiero gloria,
quiero un deleite divino,
como en mi mente imagino,
como en el mundo no hay;
y es la luz de aquel lucero
que engañó mi fantasía,
fuego fatuo, falso guía
que errante y ciego me tray.

¿Por qué murió para el placer mi alma,
y vive aún para el dolor impío?
¿Por qué si yazgo en indolente calma,
siento, en lugar de paz, árido hastío?

¿Por qué este inquieto, abrasador deseo?
¿Por qué este sentimiento extraño y vago,
que yo mismo conozco un devaneo,
y busco aún su seductor halago?

¿Por qué aún fingirme amores y placeres
que cierto estoy de que serán mentira?
¿Por qué en pos de fantásticas mujeres
necio tal vez mi corazón delira,

si luego, en vez de prados y de flores,
halla desiertos áridos y abrojos,
y en sus sandios o lúbricos amores
fastidio sólo encontrará y enojos?

Yo me arrojé cual rápido cometa,
en alas de mi ardiente fantasía:
doquier mi arrebatada mente inquieta,
dichas y triunfos encontrar creía.

Yo me lancé con atrevido vuelo
fuera del mundo en la región etérea,
y hallé la duda, y el radiante cielo
vi convertirse en ilusión aérea.

Luego en la tierra la virtud, la gloria,
busqué con ansia y delirante amor,
y hediondo polvo y deleznable escoria
mi fatigado espíritu encontró.(...)

Y encontré mi ilusión desvanecida
y eterno e insaciable mi deseo:
palpé la realidad y odié la vida;
sólo en la paz de los sepulcros creo.

Y busco aún y busco codicioso,
y aún deleites el alma finge y quiere:
pregunto y un acento pavoroso
«¡Ay! me responde, desespera y muere.

Muere, infeliz: la vida es un tormento,
un engaño el placer; no hay en la tierra
paz para ti, ni dicha, ni contento,
sino eterna ambición y eterna guerra.

Que así castiga Dios el alma osada,
que aspira loca, en su delirio insano,
de la verdad para el mortal velada
a descubrir el insondable arcano.»

¡Oh! cesa; no, yo no quiero
ver más, ni saber ya nada:
harta mi alma y postrada,
sólo anhela descansar.
En mí muera el sentimiento,
pues ya murió mi ventura,
ni el placer ni la tristura
vuelvan mi pecho a turbar.(...)

Y aturdan mi revuelta fantasía
los brindis y el estruendo del festín,
y huya la noche y me sorprenda el día
en un letargo estúpido y sin fin.

JOSÉ DE ESPRONCEDA: "A Jarifa en una orgía"

—Yo soy ardiente, yo soy morena,
yo soy el símbolo de la pasión,
de ansia de goces mi alma está llena.
¿A mí me buscas?
—No es a ti, no.

—Mi frente es pálida, mis trenzas de oro:
puedo brindarte dichas sin fin,
yo de ternuras guardo un tesoro.
¿A mí me llamas?
—No, no es a ti.

—Yo soy un sueño, un imposible,
vano fantasma de niebla y luz;
soy incorpórea, soy intangible:
no puedo amarte.
—¡Oh ven, ven tú!

GUSTAVO ADOLFO BÉCQUER

A cierta edad, un poco por amor propio, otro poco por picardía,
las cosas que más deseamos son las que fingimos no desear.
MARCEL PROUST

Amor y deseo son dos cosas diferentes; que no todo
lo que se ama se desea, ni todo lo que se desea se ama.
MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA

Disminuye el deseo de todas las cosas
cuando la ocasión es demasiado fácil.
PLINIO EL JOVEN

Prohibir algo es despertar el deseo
MICHEL EYQUEM DE MONTAIGNE

No existe riesgo más mortal para un deseo que su ejecución inmediata, un axioma tan reversible como una gabardina de buena calidad, porque no existe incentivo mayor para un deseo que su inmediata frustración, ni frustración mayor que aquella cuyos motivos no se comprenden
ALMUDENA GRANDES ("Atlas de geografía humana")

El impulso contenido se desborda en una ola de sentimiento, de pasión, hasta la locura; todo depende de la fuerza de la corriente, de la altura y de la resistencia de la presa. El arroyo sin obstáculos se desliza continuamente por los canales que le han sido dispuestos hacia un tranquilo bienestar. El sentimiento acecha en el intervalo que media entre el deseo y su realización.
ALDOUS HUXLEY ("Contrapunto")


El deseo se define siempre por ansiar aquello que no tenemos. Es decir, por mirar, atender y buscar lo que no está. Su esencia es, por tanto, negativa, porque se basa en la carencia, la ausencia, lo que no es. Potencia que busca convertirse en acto, forma que busca llegar a materia. Y esa carencia consciente, el deseo, es lo que nos mueve y hasta hay quien dice que lo que nos define. Por deseo o deseos, conscientes e inconscientes, el hombre actúa, cambia, sufre, se ilusiona, se supera a sí mismo y hasta llega adonde creía que nunca podría haber llegado.


El deseo vence al miedo.
MATEO ALEMÁN

El amor y el deseo son las alas
del espíritu de las grandes hazañas.
JOHANG WOLFANG GOETHE

El hombre planta cara a la realidad con su deseo, y con él la transforma, y hasta se tranforma a sí mismo, porque él es también parte de la realidad, y a veces también parte contraria al deseo y en conflicto con él. El contraste y el choque entre la realidad y el deseo es un constante de la vida, el alma y el arte.

De esto, entre otras cosas, nos habla el Quijote, pero también casi todos los grandes mitos literarios podrían resumirse como la historia de un deseo: si el deseo del Quijote era, en realidad, ser un personaje literario (y lo logró de forma consciente, fructífera y eterna, e incluso Cervantes afirma que él no fue más que un instrumento para que su personaje lograra su deseo, en una pirueta absolutamente genial de una modernidad in-cre-í-ble), los héroes épicos y los caballeros andantes, desean la gloria o el amor de su dama. Celestina deseaba dinero porque ya no podía desear otros placeres, los poetas suelen desear el amor (y suelen ser mejores poetas cuanto más frustrado se vea su deseo), el Lazarillo y los pícaros un ascenso social.

Los románticos del XIX convirtieron en tragedia grandilocuente y gesticulante el choque entre la gris realidad y sus elevadísimos deseos; y las protagonistas de la novela realista (Emma Bovary, la Regenta o Ana Karenina) terminarán muertas o destruidas socialmente por jugárselo todo al deseo un amor pleno que no encuentra hueco en el papel que la sociedad les relega, deseo que, irónicamente, no merecía la pena. Pero el prototipo, la quintaesencia del deseo, es sin duda, el personaje de Don Juan, que se mueve casi compulsivamente para conseguir a la mujer que desea, que deja de interersarle en cuanto la consigue para pasar , y otra, y otra...



Un deseo frustrado puede sublimarse en otras  cosas, algunas mucho más grandes que la original o enreveseadamente alejadas de ella. Así explican muchos psicólogos  y psiquiatras no solo  enfermedades, traumas y fijaciones del alma (Freud cifraba en el deseo sexual el quid de todas las cuestions) sino también la vida y obras de muchos de los grandes nombres de la historia, que llegaron tan lejos para tratar de colmar , suplir o sublimar un deseo frustrado en la infancia. Napoleón, por ejemplo, era un niño extranjero y rarito que sufríó la separción de sus padres en un colegio hostil. Su deseo de reconocimiento y respeto de los demás se vió desde luego compensado en su  etapa adulta. El Ciudadano Kane de Welles construyó todo su imperio en busca de lai nfancia feliz que no pudo tener y que para él representaba su trineo Rosebud al que muere abrazando con la imaginación.

Porque estos deseos frustrados que nos marcan ,y de los que uno a veces no es consciente, son irrealizables por definición (ya que su verdadero objeto fue inalcanzable en el pasado y como tal lo perpetuó nuestra psique) y por eso marcan de forma constante y difícilmente reversible (a no ser con psicoterapia y esas cosas, según dicen) la vida de los que los conocen,

De este modo sería la carencia, la búsqueda de lo que no tenemos y ansiamos, sea esta consciente o inconsciente, directa o sublimada, pues, lo que nos llevaría a hacer cosas, a cambiar, a avanzar, incluso a ser grandes. Pero no felices. Las épocas de grandes  insatisfacciones y deseos instatisfechos suelen ser las más fructíferas artísticamente, las vidas más desgraciadas suelen ser las más creativas. Ya decía Sabina que no escribía una nota desde que era feliz. El deseo insatisfecho es el que perdura, porque por definición, el que se satisface, desaparece.  La insatisfacción es eterna. La satisfacción efímera. Qué difícil, pues, la felicidad, con estas cartas que nos reparten. Que difícil aprender a jugarlas.

Sólo hay una fuerza motriz: el deseo.
ARISTÓTELES

Toda la actividad humana está motivada
por el deseo o el impulso.
BERTRAND RUSSELL

Las personas debemos el progreso a los insatisfechos.
ALDOUS HUXLEY

El deseo es fecundo, productivo, dinámico y creativo. El deseo insatisfecho, o sea, la frustración, es motor para la creación y el avance. La satisfacción del deseo (o sea, la “felicidad”) sería de este modo un freno, una retirada del estímulo, un estanque. Porque la felicidad es el deseo de repetir, no de cambiar, no de avanzar. Porque el que desea no es feliz, y el que es feliz no desea.

Los deseos son como los peldaños de una escalera,
que cuanto más subes, tanto menos contento te hallas.
ARTURO GRAF

El deseo nos fuerza a amar lo que nos hará sufrir.
MARCEL PROUST


"Más lágrimas se derraman por las plegarias atendidas que por las no atendidas".
Aforismo de SANTA TERESA que dio nombre a la obra póstuma de Truman
Capote "Plegarias atendidas" y aparece también en la película "Cosas que nunca
te dije" de Isabel Coixet.

Ten cuidado con lo que deseas: puede hacerse realidad.
PROVERBIO ¿?

Que los deseos se cumplan puede ser peligroso. Primero, si nos equivocamos al desear y el cumplimiento de nuestros deseos trae consecuencias no previstas y no deseables. Muchas historias con moraleja -por (escalofriante) ejemplo, La pata de mono,  de W.W. Jacobs - y algunos chistes hablan precisamente de esto.




Y segundo, porque el cumplimiento del deseo puede llevar al vacío, a la falta de horizonte, meta, motivo para caminar o simplemente camino (como ocurría con la espina de Machado o el cravo de Rosalía). Y tal vez necesitemos un camino, un horizonte, un motivo para caminar, y tal vez eso sólo nos lo pueda dar el deseo. Pero es difícil desear lo que ya tienes.

Además, el cumplimiento de nuestros deseos suele tener como efecto que aparezcan nuevos deseos, bien distintos, bien más grandes, bien más inalcanzables.

El deseo y la felicidad no pueden vivir juntos.
EPICTETO DE FRIGIA

A los que mucho desean les falta mucho.
HORACIO

El hombre tiene el amor por ala, y el deseo por yugo.
VICTOR HUGO

Por tanto, si el cumplimiento de los deseos no garantiza la felicidad, y su no cumplimiento tampoco,  para ser feliz, hay que aprender a no desear. Y esto ya lo decían los estoicos. No es más rico el que más tiene, sino el que menos necesita. Confórmate. Deshazte de tus deseos. Los anacoretas hicieron de la renuncia -ya no al objeto del deseo, sino al propio deseo- una forma de hacerse poderoso, pero eso sí: a base de apartarse del mundo. Porque integrarse en el mundo exige desear y el mundo no hace más que estimular nuestros deseos.

Rey es quien nada teme, rey es quien nada desea;
y todos podemos regalarnos este reino.
LUCIO ANNEO SÉNECA

Sólo es inmensamente rico aquel que sabe limitar sus deseos.
VOLTAIRE

Someted vuestros deseos, amigos míos,
y habréis dominado la naturaleza humana.
CHARLES DICKENS

Y tal vez sea verdad que somos en gran medida lo que deseamos. Somos nuestros deseos. Y así, el hombre que controla sus propios deseos se vence a sí mismo (y otra cita famosoa,  de Lao -Tsé, decía que el que vence a los demás es poderoso, pero el que se vence a sí mismo es invencible). Del mismo modo, el hombre que controla los deseos de los demás, los tendrá sometidos. Esto lo saben muy bien las religiones, sobre todo la católica, que nos ha enseñado a culpabilizar y a temer nuestros deseos, es decir, culpabilizar y temernos a nosotros mismos, como un mecanismo evidente de control que ha funcionado a las mil maravillas durante siglos. Y lo sabe también la publicidad, que estimulando nuestros deseos en el sentido que a otros les interesa, nos convierte en serviles objetos de negocio. Para esos deseos trabajamos, vivimos, pensamos, sufrimos y soñamos. Controlando nuestros deseos controlan nuestras vidas, nuestra alma y nuestro corazón, y solo una rebelión en este sentido podría ser hoy verdadera.

Lo mucho se vuelve poco con sólo desear otro poco más.
FRANCISCO DE QUEVEDO

...No hay nada más bello que lo que nunca he tenido...
JOAN MANUEL SERRAT

...hasta los huesos sólo calan los besos que no has dado
 los labios del pecado...
JOAQUÍN SABINA


Además, el deseo es engañoso, porque las cosas son más grandes y mejores cuando las deseamos que cuando las poseemos., cuando no están que cuando están. Por eso tantas veces con el cumplimiento del deseo llega la decepción, que es otra forma de frustración.  Y casi siempre, en cuanto conseguimos lo que deseamos, deja de ocupar nuestro pensamiento, de preocuparnos, de hacernos actuar. Cuántos amores mueren de esta manera, de inanición y desidia (aunque la relación entre deseo y amor, también muy interesante y compleja, me temo que es otra historia y deberá ser contada en otra ocasión)

El que se alimenta de deseos reprimidos
finalmente se pudre.
WILLIAM BLAKE

Todo deseo estancado es un veneno.
ANDRES MAUROIS



Pero los deseos no cumplidos, o sea, frustrados, son peligrosos, porque además de a la infelicidad, pueden llevar a la psicosis, la neurosis o la sublimación a veces obsesiva y convertirse en un problema serie y extremo.

Por tanto, el dominio de los propios deseos, la renuncia, el conformismo (arte harto difícil en realidad) parecen ser el secreto de la felicidad. Es decir, la felicidad no estaría en satisfacer los deseos, (porque el deseo satisfecho es una llegada, y luego hay que seguir viviendo; bien deseando otra cosa, bien dejando de desear.) La felicidad que llega con la satisfacción del deseo es por definición efímera. La felicidad duradera estaría en la renuncia al deseo. En acomodarse a la realidad.  En conformarse con ella. Es decir, en dejar que gane la realidad al deseo... ¿Por fea, triste, grís o mísera que nos parezca?

Más peligros de los deseos: también llevan a la destrucción vital o moral, porque son nuestras pasiones las que nos ciegan, nos hacen débiles, vulnerables, carne de trampa y hasta de aniquilación. Aquellos mitos literarios se ocupaban de dejárnoslo claro: Celestina es asesinada por no compartir los beneficios de la explotación económica de la pasión de Calisto, Melibea se suicida por no poder seguir satisfaciendo su deseo carnal con su amante, el Lazarillo termina siendo un cornudo consentido y un cínico simplemente para mantener un estatus social ridículo y la comida diaria y sin palos que se pasó la infancia deseando,  la Bovary y la Karenina mueren vícitimas de la pasión por la que arruinaron sus vidas, muchos románticos terminan suicidándose por no soportar que la realidad sea tan contraria a sus elevados deseos...  Don Juan sólo se salvaba (y para eso, ya muerto) cuando Zorrilla hacía que su deseo se convirtiera en amor (cuestión compleja e intersante en la que  ya dije que hoy no puedo entrar), porque Tirso de Molina dejaba muy claro que su comportamiento de deseo sin freno tenía su castigo inexorable, sobrenatural si hacía falta,  ya que la satisfacción del deseo lleva a la muerte (cuestión también interesante y compleja)., y Fausto y Dorian Gray perdían su alma (y con ella, toda esperanza) por conseguir lo que deseaban.

Pero sin duda, la destrucción más irónica, sofisticada, compleja y genial es la de Don Quijote, víctima pura de la realización de su propio deseo: si primero sale vencedor a enfrentarse al Caballero de los Espejos (el bachiller Sansón Carrasco disfrazado en su empeño de hacer volver al antes hidalgo a su aldea y a su gris existencia), resultará luego vencido por El caballero de la Blanca Luna, al que había dado su palabra de volver a su casa y renunciar a ser un caballero andante si resultaba vencido. Por fidelidad a su deseo, al que nunca va a traicionar, y que le obliga a cumplir su palabra de caballero, Don Quijote se ve obligado a volver a su pueblo, a volver a ser Alonso Quijano, a renunciar a ese mismo deseo de ser caballero andante, y sin este deseo, renuncia a vivir, cae enfermo y se muere, tristemente recuperado de la locura y la quimera que se atrevió a desear y realizar. Analiza eso.

Hay que desconfiar, pues, de los deseos y su realidad.

En fin, que el deseo es el motor para ser grandes o para llegar lejos, pero el conformismo, el estoicimo, la renuncia o el control de los propios deseos pueden ser la clave de la felicidad. ¿Habrá que elegir en tre ambos? Es decir, ¿es mejor vivir para perseguir nuestros deseos o para acomodarnos a la realidad.? ¿Vivir para ser grandes o vivir para ser felices?. ¿Tú que elegirías? ¿Estás seguro?

Yo no.

(Más sobre el deseo en Robando rosas...


Texas: Careful what you whish

4 comentarios:

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