
Porque ya lo dijo Bukowski, con su lucidez alcohólica...
"Oigo incluso cómo ríen
las montañas
arriba y abajo de sus azules laderas
y abajo en el agua
los peces lloran
y toda el agua son sus lágrimas.
oigo el agua
las noches que consumo bebiendo
y la tristeza se hace tan grande
que la oigo en mi reloj
se vuelve pomos en la cómoda
se vuelve papel sobre el suelo
se vuelve calzador
ticket de lavandería
se vuelve humo de cigarrillo
escalando un templo de oscuras enredaderas...
poco importa
poco amor
o poca vida
no es tan malo
lo que cuenta
es observar las paredes
yo nací para eso
nací para robar rosas de las avenidas de la muerte. "
Escucharemos a las montañas por si ríen
y a los peces por si lloran.
Oiremos el agua mientras consumimos las noches bebiendo
y dejaremos que la tristeza, o la alegría, o la nostalgia, o la rabia
se vuelvan pomo de la puerta
o cuadro en la pared
o vaso medio vacío
o manilla del reloj
o cama por deshacer.
Miraremos concentradamente las paredes
y sus recovecos y sus grietas y sus fallos.
Y robaremos, una a una,
algunas rosas en las avenidas de la muerte.
Porque nosotros también nacimos para eso.
O, al menos, para intentarlo.
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