Que no canten por cantar.



Si alguna vez canto, si alguna vez cantara, tampoco sería por tener buena voz, debería ser siempre, porque la guitarra tuviera sentido y razón.

Si la poesía debe ser un martillo, como dijera Aresti, la canción debiera ser un fusil, y nunca ser concebida como un lujo cultural por los neutrales, como dijera Celaya.

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