viernes, 26 de marzo de 2010

Baila



... Baila, hermanita
No te rindas hoy
Aguanta hasta mañana


No quiero oír que para ti ya es tarde
No te rindas hoy
Espera hasta mañana
no renuncies a lo que eres...


Feliz fin de semana

jueves, 25 de marzo de 2010

25 de Marzo


...Nada falla
no más lágrimas...

El 25 de Marzo de 1807, el Parlamento británico abole la esclavitud (tal vez por eso a mí nunca me ha gustado obedecer). Ese mismo día, pero en 1924, Grecia instaura la República (y a mí también se me daba bien aquello de ser rebelde, entonces, cuando podía; ahora me he quedado, según Dei, en "rebelde absurda", pero la que tuvo retuvo).

El 25 de Marzo de 1835 apareció el primer cuadernillo con los Cuentos de Andersen, que yo leía compulsivamente de niña, los suyos y los de otros, incluso cuando mamá ya me había apagado la luz, forzando mis ojos con escapartes para mirar el libro con el tenue resplandor que entraba por el ventanuco del salón... Quizás así estropeé aún más una vista que venía defectuosa de fábrica. Además,  papá siempre decía -y me dice todavía alguna vez- que yo tengo mucho cuento (de ahí me vendrá) y que de pequeña, de tanto leer, hablaba como un libro...

El 25 de Marzo de 1825 se interpreta por primera vez la Novena Sinfonía de Betthoven, esa que llegaría a ser conocida como Himno a la Alegría, (la alegría que tanto me gusta y a veces tanto me cuesta), en Londres (que a mí me daría tantísima alegría visitar, por fin)

El 25 de Marzo de 1876 se realizó en Cambridge la primera carrera ciclista de la historia, y a mí, curiosamente, los únicos deportes que me han gustado, hasta que descubrí el step y el body pump, eran la natación y el ciclismo... Ahora, mi deporte preferido es caminar, a ser posible con un mp3, síntoma inequívoco de que sí, de que la vida iba en serio y hacerse mayor es parte del único argumento de la obra.

El 25 de Marzo de 1976 se produjo un golpe de estado militar en Argentina ( de ahí tal vez mi odio más sincero, entrenado y concentrado a los golpes militares. A todos sus golpes). Pero también un 25 de Marzo, el de 1998, se derogaron las leyes de Obediencia Debida y Punto Final en Argentina, primer paso para que luego pudieran iniciarse nuevamente juicios contra militares acusados de violación a los derechos humanos durante la última dictadura militar. Y yo adoro Argentina, sus escritores, sus películas, su forma de hablar, los ecos porteños, Buenos Aires y el tango. Y que se juzgue a todos aquellos acusados de violar los derechos humanos. Y no a sus jueces.

Y también otro 25 de marzo, en 1999, Inglaterra negó la inmunidad de otro militar golpista, Pinochet, y empezaba a acabársele la mirada constante , la palabra precisa, la sonrisa perfecta. (Es imposible escuchar el Ojalá sin que se me erice la piel, la de fuera y la de dentro, y da igual que Silvio se refiera a un dictador o a un mal amor).

El 25 de Marzo de 1917se abole la pena de muerte en Rusia, y yo soy de esos a los que la pena de muerte les parece una barbaridad inútil que simplemente consigue que el criminal más miserable consiga bajarnos a su nivel. Yque  no arregla nada más. Porque matar es siempre y simplemente eso: matar.

El 25 de marzo 1997 son declaradas patrimonio de la Humanidad las ciudades españolas de Toledo, Segovia, Córdoba, Ávila, Cáceres, Salamanca y Santiago de Compostela. Yo ya no vivía en Santiago entonces,  solo me falta Cáceres por conocer de entre todas ellas, y alguna ocasión de estas caerá.

El 25 de marzo de 1983 científicos australianos logran por primera vez implantar con éxito un embrión congelado en el útero de una mujer.La naturaleza vio entonces, seguramente sorprendida, como el hombre se saltaba algunos de sus límites para acercar un poco más la realidad al deseo de los que desean. Aunque yo soy de las que muchas veces no se atreven a desear.

El 25 de marzo 1954. se fabrica el primer televisor en color. Mi vida, sobre todo mi infancia, y seguramente también yo, no hubiéramos sido las mismas sin la tele y sin el cambio a color, que en mi casa se produciría unos veinticinco años después de aquel 25 de marzo... Porque yo soy de la generación que creció con Barrio Sésamo, con Mazinger Zeta. con los payasos de la tele, con Superratón, con La bola de cristal, con La casa de la pradera, con Tocata, on Fama, con Uve, el un dos tres y las películas de sesión de tarde... Ya sabéis. Ya me entendéis. Señas de identidad. Tatuajes que no nos quitarán.

El 25 de marzo es también la fecha del Tratado de Roma, con el que en 1957 nacia la Comunidad Económica Europea de la que casi treinta años después pasaríamos a formar parte y sentirnos Europa  (ojalá pùeda recorrerla entera), y el 25 de marzo de 1998 se decide que algunos de sus países (España entre ellos) pueden utilizar una nueva moneda única, el euro. Mis primeros sueldos fueron todavía en pesetas, y no intuia entonces, cuando yo me sentía rica, la de quebraderos e inquietudes que llegarían a darnos los euros cuando se le pegara como una garrapata la palabra crisis...

Hubo muchos 25 de Marzo en los que se entregaron los Oscar. Por ejemplo, en 1985, cuando el filme “Amadeus”, de Milos Forman,  obtiene ocho estatuillas, y Prince el Oscar a la mejor canción por Purple Rain. O en 1996, cuando “El paciente inglés”, de Anthony Minghella, obtiene nueve premios, justo diez años después de que el largometraje argentino “La historia oficial”, de Luis Puenzo, gana el Oscar a la Mejor Película Extranjera y por primera vez en la historia del cine de Argentina una película suya recibier este galardón. Y a mi me encanta el cine argentino. Ya sé que es quizás demasiado discursivo, realista, limitado, recurrente en muchos de sus aspectos (un pocom como yo, que tiendo también a las obsesiones discursivas) pero Un lugar en el mundo, El hijo de la novia, Martín H o Kamchatka están entre mis películas favoritas de todos los tiempos, que necesito volver a ver de vez en cuando porque me hacen bien.

Un 25 de Marzo murieron Debussy y Novalis, y nacieron en 25 de Marzo Elton John (miope como yo, al que tengo que agradecerle que escribiera “Your song”), Aretha Franklin (cuántos ratos he pasado escuchando en su voz Respect, Think o I say a little pray), Simone Signoret (una de esas mujeres de rara belleza que tanto me gustan), David Lean (que dirigió películas tan míticas e imprescindibles como Lawrence de Arabia, El puente sobre el rio Kwai o Doctor Zivago, rodada en parte en la tierra de Dei), Sarah Jessica Parker, David Bustamante (oh, cielos, qué horror) y mi admiradísimo Jaime Sabines,al que le debo Espero curarme de ti de ti, Me doy cuenta de que me faltas y Los amorosos

El 25 de marzo de 1972, el día que yo nací, Sábado Santo (y sábado sigue siendo mi día preferido) era número uno el Without you de Nilson, que yo tardaría casi veinte años en descubrir, y hoy, 25 de marzo del 2010,  creo que no podria vivir sin ti.

El 25 de Marzo es primavera, lo cual solo garantiza que puede hacer frío, o calor, o viento, o sol, o lluvia... Y cuando coincide en fin de semana, es día de cambio de hora. Y tal vez eso contribuya un poquito a que  Marzo, ya lo he dicho alguna vez, sea para mí un mes de cambio. Este de ahora también.

El 25 de Marzo de 2005, a las 9 de la noche, yo esperaba en la puerta de la estación de autobuses de Mendéz Alvaro, en Madrid, la llegada de Dei, y cuatro años después, el 25 de marzo de 2009, también a las 9 de la noche, esperábamos juntos en la estación de Gracia de Barcelona el tren-hotel que nos llevaría a amanecer en París y empezar así eso que llaman la luna de miel. Ninguno de esos dos días, ni ninguno de los 25 de marzo anteriores, me faltaron las llamadas, los mensajes, las felicitaciones ni los besos.

El 25 de Marzo de 2010 estoy viviendo en Zaragoza, con una gatita recogida de la calle, con otro gato, el de la vecina, que ha decidido adoptarnos, y con un chico que me regala flores y libros y se preocupa por mi sonrisa. Mi buzón está lleno de mensajes y cariños de los que parecen estar lejos pero son míos, y yo suya. Tengo un blog desangelado que no quiero abandonar, poco tiempo para perder y muchos libros pendientes de lectura. Viajo todos los días unos 90 km de ida y otros tantos de vuelta para trabajar en un instituto en el que me siento arropada, querida y apreciada por todos, y acaban de darme un traslado (aunque sea una noticia provisional) a otro instituto que está tan solo a 26,7 km de la puerta de mi casa. Así que en este 25 de marzo, navego entre la alegría del descanso que  será, la inquietud de empezar otra vez, y la dulce nostalgia, consciente, anticipada e intensa, de los últimos pasos por otro tramo de la senda que no he de volver a pisar (Y yo me iré, y se quedarán los pájaros cantando...).

Esta noche tendré una minicelebración sorpresa con Dei,  . el fin de semana estará lleno de pequeñas y  x
cálidas veladas, y en una semana volveré a Galicia...

Hoy es 25 de Marzo de 2010. He tardado 38 años en llegar hasta aquí. 38 años. Una edad que no es ni demasiado tarde ni demasiado pronto para casi nada, y de la cual solo lamento que no pase más despacio, y a la que solo reprocho que no me deje hacerle caso a aquel proverbio celta... “Crece despacio, como los árboles”.

Quien pudiera paladear todo esto con más tiempo.

Si pudiera pedir un deseo, uno solo, al cerrar los ojos para soplar las velas, ese sería sin dudarlo. Que todo pasara más despacio.

Besos y dulces a los que alguna vez, todavía, os pasáis por aquí.

lunes, 22 de marzo de 2010

Oregoneses y payeses

Hay que empezar la semana riendo... y desquitarse un poco del inevitable 2-4 que han propinado al pobre Zaragoza (que a pesar de todo, dicen que estuvo muy digno) Guardiola y sus nois.

sábado, 13 de marzo de 2010

... que de pronto son años...

Cinco, ya, para ser exactos, hoy que podemos ser más exactos que nunca ;-)



No tuve más opción que escucharte
hablabas de lo que te pasaba una y otra vez.
Yo pensaba sobre ello.
Me tratas como si fuera una princesa
y yo no estoy acostumbrada a que eso me guste
Me preguntas que tal fue mi día.


Me has conquistado en contra de mi voluntad
no te extrañes si me enamoro locamente.
No te sorprendas si te quiero por todo lo que eres.
No puedo evitarlo. Es todo culpa tuya.


Tu amor es denso y me arrastró.
 Eres mucho más valiente de lo que yo pensaba
y no lo digo por decir.
Me traes cosas incondicionales
contienes la respiración y la puerta por mí


Gracias por tu paciencia.
Eres la persona que mejor sabe escuchar
de todas las que he conocido.
Eres  mi mejor amigo
 mejor amigo con "beneficios"
 ¿Por qué tardé tanto?


Nunca me he sentido tan sana.
 Nunca había querido algo racional.
 Ahora me doy cuenta.
 Ahora me doy cuenta.

viernes, 12 de marzo de 2010

Fondo gris



Nos ha dejado uno de los grandes. De los realmente grandes.

 Nos ha dejado el último miembro del triunvirato de la narrativa española de posguerra (a saber, el formado por él, y Torrente Ballester, y Camilo José Cela). Los tres vieron evolucionar sus obras acunadas por los tiempos, desde el existencialismo triste y desesperanzado de los años 40 (La sombra del ciprés es alargada), al realismo de los 50 con El Camino, Mi idolatrado hijo Sisí o Las ratas, para pasar, mediados los 60,  a la experimentación formal en el monólogo que mantiene una mujer pequeño burquesa, cargada con todas las miserias de su época, educación y clase,  frente al féretro de su marido.

Luego, a partir de los ochenta,  se sumaría a una generalizada  dispersión de tendencias, y con ella llegaron algunos de sus libros más conocidos (lo de mejores, ya no me atrevo a decirlo): la mirada tremenda sobre el caciquismo rural de Los santos inocentes; el reflejo de su personal amor por la caza y la naturaleza con sus leyes, de las que el buen cazador forma parte, en Diario de un cazador; el intimismo anecdóticamente autobiográfico de Señora de rojo sobre fondo gris  (en la que evoca  la figura y la pérdida irreparable de su esposa, que fue la que lo animó a leer y escribir, y  su compañera fiel hasta  la muerte... y desde El ciprés o El camino ... sabemos lo mucho que aterraban a Delibes las pérdidas...); o la novela histórica en la que homenajea a su Valladolid natal, El hereje.

Dicen que ha recibido todos los premios importantes a excepción del Nobel, y a pesar de su vida discreta y de ser poco dado a la farándula literaria y sus empachos de ego, ha contado y cuenta con la admiración y el cariño de un público muy fiel. Un cariño y una admiración constante, sosegada y discreta, como él mismo, cuyo mayor alarde (aparte de leerlo siempre y no solo lo último,  recordarlo incluso en estos diez años de apartamiento por el empeño de un cáncer y recomendarlo en el boca a boca, donde solo se mantienen unos pocos elegidos, incluso cuando la publicidad y el cine parecían haberlo olvidado), este largo día de duelo en el que no han parado de desfilar personas para despedirse, arroparle y homenajearle.

Se nos va un escritor que habló mucho de niños, y de viejos, y de existencias grises,  y del mundo rural cuya alma supo captar en toda su grandeza, su dureza y sus matices. 

Se nos va un escritor de prosa recia , exacta y sustantiva, que solo se adorna con la precisión asombrosa de su léxico, lon la fluidez de una sintaxis sencilla y perfecta, y con la maestría para introducir junto a  la palabra precisa e intachable, con total naturalidad, el eco y la expresión que sabe a pueblo, a ese pueblo que según él es el verdadero dueño  de la lengua..

Se nos va un escritor para cuyas novelas ha sabido encontrar una maravillosa colección de títulos ("Señora de rojo sobre fondo gris", por ejemplo,  me parece uno de los más acertados y elocuentes que pudo pensar nunca nadie; "La sombra del ciprés es alargada" es casi un proverbio, "Cinco horas con Mario" forma parte del acerbo incluso de los que no le han leído... )

Pero se nos va ante todo un escritor que supo impregnar sus obras, siempre, de una intensísima ternura. Y eso, no todos pueden hacerlo. Solo los que tienen ternura en la mirada, y son capaces de  ver, y captar, y contar, los brillos sutiles de las existencias que transcurren sobre un fondo gris.

Entre los nueve y los quince años, yo me debí de leer El Camino unas quince veces, y siempre terminaba con un nudo en la garganta. porque,  en esa noche de insomnio en que Daniel, el Mochuelo, evoca la vida en el pueblo que está a punto de abanonar para cumplir el designio marcado por su padre y estudiar en la ciudad,  reconocía ya ese dolor dulce que ha llegado a ser un viejo amigo para mí: el dolor de las despedidas. De la consciencia de las últimas veces. De la inminencia en la garganta de la nostalgia. Del último paso sobre la senda que nunca se ha de volver a pisar.

Y este año en que Delibes nos ha dejado, se han convertido en inaplazables para mí dos cosas: subsanar una tacha imperdonable en mi perfil de aficionada a la literatura y leer, por fin , La sombra del ciprés es alargada, que de la que Dei tanto me ha hablado y tanto me ha recomendado (y sobre la que él , por cierto, debería también escribir algo), y volver a leer El camino....

A la Mariuca-uca, como la llamaban en el pueblo para indicar que era una consecuencia de la Mariuca difunta, la querían todos a excepción de Daniel, el Mochuelo. Era una niña de ojos azules, con los cabellos dorados y la parte superior del rostro tachonado de pecas. […]

La niña despertaba en la madre de Daniel, el Mochuelo, el instinto de la maternidad prematuramente truncada. Ella deseaba una niña, aunque hubiera tenido la carita llena de pecas como la Mariuca-uca. Pero eso ya no podía ser. Don Ricardo, el médico, le dijo que después del aborto le había quedado el vientre seco. […]

Tal vez influyera en Daniel, el Mochuelo, este cariño desmedido de su madre hacia la Mariuca-uca para que esta no fuese santo de su devoción. Pero no; lo que enojaba a Daniel, el Mochuelo, era que la pequeña Uca quisiera meter la nariz en todas las salsas e intervenir en asuntos impropios de una mujer y que no le concernían. […]
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Desde el frustrado robo de las manzanas, Daniel, el Mochuelo, comprendió que la Mica era muy hermosa, pero, además, que la hermosura de la Mica había encendido en su pecho una viva llama desconocida. Una llama que le abrasaba materialmente el rostro cuando alguien mentaba a la Mica en su presencia. Eso constituía en él algo insólito, algo que rompía el hasta ahora despreocupado e independiente curso de su vida.

Daniel, el Mochuelo, aceptó este fenómeno con la resignación con la que se aceptan las cosas ineluctables. Él no podía evitar acordarse de la Mica todas las noches al acostarse, o los domingos y días festivos si comía boruga. Esto le llevó a deducir que la Mica significaría para el feliz mortal que la conquistase un muy dulce remanso de paz.

Al principio Daniel, el Mochuelo, intentó zafarse de la presión interior que enervaba su insobornable autonomía, pero acabó admitiendo el constante pensamiento de la Mica como algo consustancial a él mismo, algo que formaba parte muy íntima de su ser. […]

También sus amigos admiraban a la Mica. La admiraban en su belleza, lo mismo que admiraban al herrero en su vigor físico, o a don José, el cura, que era un gran santo, en su piedad, o a Quino, el manco –antes de enterarse Moñigo de que había llorado a la muerte de su mujer–, en su muñón. La admiraban, sí, pero como se admira a las cosas bonitas o poderosas que luego no dejan huella. Sentían, sin duda, en su presencia, a la manera de una nueva emoción estética que inmediatamente se disipaba ante un tordo abatido con el tirachinas o un regletazo de don Moisés, el maestro. Su arrobo no perduraba; era efímero y decadente como una explosión. […]

Una tarde, en el prado de la Encina, hablaron de la Mica. […] Germán, el Tiñoso, desvió la conversación. Hacía tan solo dos semanas del asalto a la finca del Indiano. Entornó los ojos para hablar. Le costaba grandes esfuerzos expresarse. Su padre, el zapatero, aseguraba que se le escapaban las ideas por las calvas:

–¿Os fijasteis… os fijasteis –preguntó de pronto– en la piel de la Mica? Parece como que la tiene de seda.

–Eso se llama cutis… tener cutis –aclaró Roque, el Moñigo, y añadió…– De todo el pueblo es la Mica la única que tiene cutis.

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–¿Por qué has tardado tanto en dejarle los quesos a la Mica, Mochuelo? –inquirió la niña.

Le dolió que la Uca-uca vulnerase con ese desparpajo su intimidad, que no le dejase tranquilo ni para madurar y reflexionar sobre su porvenir.

Adoptó un gracioso aire de superioridad.

–¿Vas a dejarme en paz de una vez, mocosa? Andaba de prisa y la Mariuca-uca casi corría a su lado, bajando la varga.

–¿Por qué te pusiste el traje nuevo para subirle los quesos, Mochuelo? Di –insistió ella.

Él se detuvo en medio de la carretera, exasperado. Dudó, por un momento, si abofetear a la niña.

–A ti no te importa nada de lo mío, ¿entiendes? –dijo finalmente.

Le tembló la voz a la Uca-uca al indagar:

–¿Es que te gusta más la Mica que yo?

El Mochuelo soltó una carcajada. Se aproximó mucho a la niña para gritarle:

–¡Óyeme! La Mica es la chica más guapa del valle y tiene cutis y tú eres fea como un cuco de luz y tienes la cara llena de pecas. ¿No ves la diferencia?

Reanudó la marcha hacia su casa. La Mariuca-uca ya no le seguía. Se había sentado en la cuneta derecha del camino y, ocultando la pecosa carita entre las manos, lloraba con un hipo atroz.

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Comprendió que entre él y la Uca-uca surgía de repente un punto común de rara afinidad. Y que no lo pasaba mal charlando con la niña, y que los dos se asemejaban en que tenían que acatar lo que más convenía a sus padres sin que a ellos se les pidiera opinión. Y advirtió también que estando así, charlando de unas cosas y otras, se estaba bien y no se acordaba para nada de la Mica. Y, sobre todo, que la idea de marchar a la ciudad a progresar volvía a hacérsele ardua e insoportable. Cuando quisiera volver de la ciudad de progresar, la Mica, de seguro, habría perdido el cutis y tendría, a cambio, una docena de chiquillos.

Ahora se encontraba con la Uca-uca con más frecuencia y ya no la rehuía con la hosquedad que lo hacía antes.

–Uca-uca, ¿cuándo es la boda?
–Para julio.
–Y tú, ¿qué dices?
–Nada.
–Y ella, ¿qué dice?
–Que me llevará a la ciudad, cuando sea mi madre, para que me quiten las pecas.
–Y tú, ¿quieres?

Se azoraba la Uca-uca y bajaba los ojos:

–Claro.

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En torno a Daniel, el Mochuelo, se hacía la luz de un modo imperceptible. Se borraban las estrellas del cuadrado de cielo delimitado por el marco de la ventana y sobre el fondo blanquecino del firmamento la cumbre del Pico Rando comenzaba a verdear. Al mismo tiempo, los mirlos, los ruiseñores, los verderones y los rendajos iniciaban sus melodiosos conciertos matutinos entre la maleza. Las cosas adquirían precisión en derredor; definían, paulatinamente, sus volúmenes, sus tonalidades y sus contrastes. El valle despertaba al nuevo día con una fruición aromática y vegetal. Los olores se intensificaban, cobraban densidad y consistencia en la atmósfera circundante, reposada y queda.


Entonces se dio cuenta Daniel, el Mochuelo, de que no había pegado un ojo en toda la noche. De que la pequeña y próxima historia del valle se reconstruía en su mente con un sorprendente lujo de pormenores. […]

A Daniel, el Mochuelo, le dolía esta despedida como nunca sospechara. Él no tenía la culpa de ser un sentimental. Ni de que el valle estuviera ligado a él de aquella manera absorbente y dolorosa. […]

De repente, se sobresaltó. Aún no se sentía movimiento en el valle y, sin embargo, acababa de oír una voz humana. Escuchó. La voz le llegó de nuevo, intencionadamente amortiguada:

–¡Mochuelo!

Se arrojó de la cama, exaltado, y se asomó a la carretera.

Allí abajo, sobre el asfalto, con una cantarilla vacía en la mano, estaba la Uca-uca. Le brillaban los ojos de una manera extraña.

–Mochuelo, ¿sabes? Voy a La Cullera a por la leche. No te podré decir adiós en la estación.

Daniel, el Mochuelo, al escuchar la voz grave y dulce de la niña, notó que algo muy íntimo se le desgarraba dentro del pecho. La niña hacía pendulear la cacharra de la leche sin cesar de mirarle. Sus trenzas brillaban al sol.

–Adiós, Uca-uca –dijo el Mochuelo. Y su voz tenía unos trémolos inusitados.
–Mochuelo, ¿te acordarás de mí?

Daniel apoyó los codos en el alféizar y se sujetó la cabeza con las manos. Le daba mucha vergüenza decir aquello, pero era esta su última oportunidad.

–Uca-uca… –dijo, al fin–. No dejes a la Guindilla que te quite las pecas, ¿me oyes? ¡No quiero que te las quite!

Y se retiró de la ventana violentamente, porque sabía que iba a llorar y no quería que la Uca-uca le viese. Y cuando empezó a vestirse le invadió una sensación muy vívida y clara de que tomaba un camino distinto del que el Señor le había marcado. Y lloró, al fin.


MIGUEL DELIBES: El camino

lunes, 8 de marzo de 2010

Ellas y nosotras



He nacido y me he ganado el pan.
He limpiado y he dado de comer
y por mis habilidades para curar
he sido llamada una bruja.
He crujido en el fuego
Y he sido llamada  mentirosa.
He muerto tantas veces
que sólo estoy llegando  a la vida.


Mi sangre fluye a través de cada hombre
de esta tierra sin dios
que me entregó
He llorado tantas lágrimas
que hasta un ciego puede ver
Este es el mundo de una mujer.
Este es mi mundo.
Este es el mundo de una mujer
Para la chica de este hombre.


No hay una mujer en este mundo,
Ni una mujer ni una niña pequeña
Que no sea capaz entregar amor
En el mundo de un hombre.

 
Dicen por ahí que ojalá llegue el día en que no sea necesario celebrar el 8 de Marzo como Día de la Mujer Trabajdora (o Día de la Mujer, sin más). Dicen que ojalá llegue un mundo sin diferencias entre hombres y mujeres, un mundo sólo de personas. Pero yo creo que nunca llegará. Ni una cosa ni la otra.

Ojalá llegue un día en que la diferencia no implique desigualdad, y donde para ser iguales en lo que tenemos derecho a ser iguales, nadie tenga que esforzarse en no ser como es y ser como otro. Ojalá llegue un día en que uno no sea la medida, el referente, el corsé, la cárcel y la trampa del otro. Ojalá llegue el día en que seamos iguales desde nuestras diferencias. Desde el respeto y el amor por la diferencia.

Pero aunque llegue ese día, siempre será justo y necesario celebrar este... Por ellas. Por todas ellas, ya sabéis. Las que pudieron y las que nunca pudieron. Las que quisieron y las que nunca pudieron querer. Las que llegaron y las que se quedaron por el camino.

Por todas ellas y por todas nosotras, las hijas de Eva y las hijas de Lilith, cuyo nombre quisieron siempre borrar.

Feliz día para no olvidar. Porque no hay injusticia más grande que el silencio y el olvido, y después de tantos siglos de injusticia, estamos ya hartas.
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