miércoles, 20 de junio de 2007

Momentos extraños



Hoy salí a correr, me apetecía, me encontraba bien. Quería hacer 10 kilómetros; si la rodilla me respeta quiero prepararme la media maratón. Ya veremos.

Nada más empezar a correr empecé a sentir las primeras gotas y el aire húmedo, pero algo me empujó a seguir corriendo. A los cinco minutos, esas primeras gotas eran un auténtico aguacero. La gente corría a cobijarse bajo las balconadas y porches. Los coches empezaban a salpicar y a encender sus luces....Yo seguía corriendo.

Me paré en un semáforo cuando llevaba unos tres kilómetros y noté lo fuerte que caía la lluvia.

Mi primer pensamiento fue de lo más convencional..Ir a cobijarme, esperar a que parara y seguir o volver a casa, pero cuando el semáforo me permitió seguir, cruce el semáforo y seguí corriendo, alejándome cada vez más.

Fue una extraña sensación, me encontraba fuerte, la lluvia caía con fuerza, apenas me dejaba ver, pero algo me empujaba y me hacía sentir bien. Me había quedado solo en la calle, corriendo. Mis zapatillas empezaban a expulsar el agua y mi ropa se pegaba a mi cuerpo, y seguía corriendo con más fuerza que nunca ante la mirada extrañada del ejercito de "paseadores" de perros que a esas horas toman la ciudad.

Hubo un momento en el que no sé por qué, mire para arriba y divisé a una cigüeña volando, ella también estaba sola, no había pájaros arriba. Creo que había tomado la misma decisión que yo. Los dos nos miramos a la vez y por un segundo, pude sentir algo parecido a lo que seguro sentía ella. Esa extraña sensación de rebeldía de café que nos hace un poco más nosotros y un poco menos ellos.

Sí, nos miramos y decidimos seguir corriendo y volando respectivamente. Solos, mientras el mundo se paraba. Creo que los dos nos entendimos en ese momento. Creo que nadie más podía hacerlo.


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